El blog de Escuela de Doblaje de Madrid (EDM) tiene el placer de compartir con vosotros un artículo de Salvador Aldeguer. El actor y director de doblaje, y autor del libro Anecdotakes – un compendio imprescindible de anécdotas y leyendas en torno al mundo del doblaje –, nos deleita en esta ocasión, con gran sentido del humor, con una alerta sobre los peligros del maquinismo extremo en plena era de la digitalización.


25/60

Por Salvador Aldeguer

25 takes cada 60 minutos. Ese es el cálculo que los ordenadores de los departamentos de producción de los estudios de doblaje estiman que un actor debe realizar para mantener la media de takes que permita completar con éxito la convocatoria planteada por jornada. No hay excusa que valga. El ordenador manda. Nadie se hace responsable de haberle introducido esos parámetros. Nadie se hace responsable de que el ordenador no sepa distinguir un take complicado de otro en el que la intervención se limita a una carraspera o a un bostezo en off. Nadie se hace responsable de que para el ordenador todas las películas de cine y todos los episodios de todas las series de televisión se descompongan en lo mismo, es decir, en un puñado de takes que hay que repartir por un igual entre la duración de la jornada, otorgando 25 takes a cada hora. Las ruedas del engranaje de aquellos ‘Tiempos Modernos’ de Charles Chaplin, han tomado al asalto el componente artístico de una profesión que precisa de un tiempo, un compás y un ritmo adecuados a las circunstancias requeridas por el propio producto, y no por la premura comercial de su propietario. Tiene que haber un término medio entre el concepto de labor artesanal y la trepidante rutina de la factoría. Un pacto entre la Inteligencia Artificial y la Sensibilidad Humana. Sería injusto por mi parte generalizar, ya que me consta que en ocasiones puntuales, los humanos toman las riendas de la producción, y saltándose el protocolo informático, toman en consideración la posible dificultad de unos takes en cuestión, y le dan al artista un bonus de tiempo que le permite trabajar sin la presión del cronómetro. Pero estas ocasiones puntuales suponen un tanto por ciento muy bajo, o sea, que el fuckin’ ordenata gana por goleada. Y el asunto es que no se trata de que tengamos que volver a hacer las cosas como antaño, el asunto no es que no podamos intentar acoplarnos al nuevo engranaje, no, el asunto es que si nadie le pone los puntos sobre las íes al ordenador, este particular Hal 9000 de la producción nos va a seguir apretando las tuercas hasta límites poco esperanzadores para la creatividad. Pero tenemos un as bajo la manga. Un as que tiene que ver con la segunda entrega de Odisea 2001, en la que el viejo Hal 9000, cuarenta segundos antes de estamparse contra Júpiter, le formula al Dr. Chadras una pregunta sin respuesta: ¿Soñaré? Pues ya te contesto yo: Va a ser que no, Hal. Para soñar tienes que tener imaginación, capacidad de improvisación, y un punto y medio de locura controlada. Tú presume todo lo que quieras de tus logaritmos heurísticos, que nosotros, desde el atril, entre la vida y la ficción, viajaremos con un billete de ida y vuelta 25 veces cada 60 minutos a otras vidas, a otros lugares, a esa dimensión de los sueños por la que tanto nos envidias al no poder acceder desde tus encorsetadas entrañas informáticas. De momento son 25/60, recuerda que por cada take de más que añadas, tu envidia irá en aumento, y nosotros, armados con un bolígrafo y una botella de agua, continuaremos soñando, hasta el día en que gracias a todo este despropósito seamos engullidos por la infinita oscuridad del misterioso Monolito. Y de ahí, querido Hal 9000, solo se puede salir soñando. Tú mismo.


3 commentarios

Evita · 26 noviembre, 2018 a las 10:22 am

Gracias Patxi!!! 😉😘

Veronica Llaneza Mielgo · 26 noviembre, 2018 a las 4:43 pm

Me encanta como escribes Pachi!

varagoneses · 29 noviembre, 2018 a las 12:13 am

Despues de leer que un ordenador manda los takes a un profesional con un baremo de 25/60,en un mundo tecnológico más parecido a una película de James Cameron o el ya mencionado Stanley Kubrick. Yo propongo que la tecnología lleve el peso: Que el gran Skynet,haga el proceso de selección de voces del producto audiovisual, y si es por ahorrar tiempo pues que sea el quien supervise el proyecto ya que una maquina es mejor que algunos señores/señoras de ciertos clientes que tienen una nula o pésima información de su propio producto,mejor una maquina que tiene miles de terabytes de información compilada. También puede llevar el tema de la traducción de la obra aunque sea de forma literal,pero todo sea por ganar tiempo. También pueden llevar el tema del Marketing,si interesa cambiar las voces por gente famosa,según estudios de mercados ya realizados o posibles simulaciones. Ahorro plus de personal y ahorro en tiempo.
Espero que se haya entendido la ironía, lo que es cierto es que si somos esclavos de lo que diga una maquina,lo que saldrá sera cualquier cosa menos una tortilla.

Deja un comentario