Bea y Vero Llaneza, Michel Tejerina y Sandra Villa son cuatro exalumnos de la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM), quienes, pese a su juventud – la mayoría no supera los 26 años – han logrado meter la cabeza y hasta afianzarse en la industria madrileña, donde comenzaron a trabajar casi inmediatamente después de pasar por la escuela, hace unos años.

“Todo el esfuerzo ha valido la pena. Cada día que formamos parte de la profesión es una victoria”, afirma Bea, una de las hermanas Llaneza, quienes con apenas 25 años, y tras abandonar cuatro años atrás su León natal a fin de enrolarse en un curso intensivo en la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM), presentan hoy un exitoso currículo, donde destaca un papel protagonista para Disney dentro de un presente plenamente ya profesional, y un muy prometedor futuro en la profesión.

Bea, y su hermana Vero, forman parte de una extensa nómina de jóvenes profesionales que, tras estudiar en EDM – la editora de este blog – han dado el salto y se han profesionalizado dentro del doblaje madrileño. “Encontramos muchos antiguos compañeros de la escuela trabajando en los estudios”, afirma Bea, una de las Llaneza, quien se muestra “agradecida” con la “escuela de Lorenzo” – en referencia a Lorenzo Beteta, su director – donde “te enseñan a ser actor; dentro y fuera del atril”, afirma.

Las Llaneza llegaron a Madrid en 2015, sin ninguna experiencia en el arte de la interpretación, procedentes de su Veguellina de Órbigo natal, un pueblecito de León. “Nunca habíamos hecho doblaje”, cuentan en esta entrevista, realizada a finales de abril. Tras llegar a la capital, se apuntaron a un programa intensivo, con tres días de clases a la semana en la Escuela de Doblaje de Madrid. “Una maravilla de formación”, aclaran, de la mano de profesionales como Amparo Bravo, Pachi Aldeguer, o el propio Beteta. “Aprendimos muchísimo de cada uno”, recuerdan.

Además, cuando llegó el verano, en lugar de volver a su lugar de origen, aprovecharon el tiempo, en tanto duraron los ahorros obtenidos en mil trabajos previos – de camareras, dependientas o agentes de seguros – para acudir de oyentes a uno de los estudios más renombrados de la capital, y enclaustarse allí todo el estío.

“Supuso un salto cuántico”, asegura Bea, quien, unos meses después, se enfrentó a su primera convocatoria profesional, en la serie Misfits, de la mano de Luis Fernando Ríos; en tanto que, poco después llegarían nuevas oportunidades, a las órdenes de Santi Aguirre; y de otro director, Miguel Ángel Garzón, cuyas convocatorias les abrieron las puertas de SDI, uno de los estudios más importantes de la capital, rememoran; hasta que, en 2016, después de enterarse de que Disney busca nuevas voces para una de sus series, se presentan a las pruebas y resultan seleccionadas, además por partida doble: Bea, en uno de los papeles protagonistas, y Vero con otros roles, lo que les ha permitido asimismo trabajar juntas, lo que supuso “una gran ayuda”, admiten.

Su trabajo con Disney les ha abierto las puertas a trabajar con más directores, consideran. Y aprender, no solo a relativizar sus propios errores, como hacen los profesionales, aseguran; sino también a soportar los vaivenes en el flujo de trabajo, que también sufren los más veteranos; y, finalmente, a tomarse los rechazos “como algo no personal”, concluyen.

Finalmente, y después de insistir en la importancia de ser “perseverante”, y de “dejar los malos rollos fuera de la sala”, algo que aprendieron en la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM), creen que la formación integral y de calidad que ofrece este centro es una de las “claves” que explican su éxito, del cual en el futuro, observan, se hablará como “hoy día se habla de la la escuela de Salvador Arias”.

Míchel Tejerina, un actor que investiga sobre el doblaje

“Con esfuerzo y mucha dedicación pude entrar en el mundo profesional del doblaje”, rememora Míchel Tejerina, un actor que, a sus 25 años, y tras pasar también por las aulas de EDM, acumula ya tres años de experiencia profesional en el ejercicio del doblaje .

Licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual, y redactor de una futura tesis sobre la influencia de la globalización en el mundo del doblaje, Tejerina destaca que, de esta profesión, lo que más le gusta es la “variedad”. “A lo largo de la semana puedes hacer cosas muy diferentes. Y esa variedad siempre se disfruta como actor”.

A pesar de su juventud, este actor muestra una amplia experiencia, no solo en el doblaje, sino también en la interpretación teatral (actualmente recorre España con una versión de Fedra) y en televisión, tras participar en 40 episodios de la serie El secreto de Puente Viejo.

Del doblaje a Tejerina le gusta “la agilidad que requiere para cambiar de personaje en muy poco tiempo”. “El doblaje es muy exigente en ese sentido”, afirma. Una exigencia que también le ha servido en las otras ramas del arte dramático. “En doblaje, el actor tiene muy pocos ensayos para preparar el ‘take’. Por eso debe estar muy despierto para meterse en el personaje”, subraya.

Cuando empezó, en la serie de dibujos animados Vroomiz, a las órdenes de Amparo Bravo, en Televisión Española, tuvo la “suerte” de trabajar con el resto de actores “todos junto en la sala”; una excepción en el doblaje actual, donde la mayor parte de los trabajos se hacen ‘en banda’; es decir, cada papel por separado.

“Ha sido prácticamente la única serie que no he hecho ‘en banda’”, recuerda. Y eso a pesar de que, afirma, “la interpretación gana cuando puedes escuchar a los compañeros”. “Tuve la oportunidad de aprender muchísimo de mis compañeros. Terminaba la jornada y me quedaba en la sala para seguir aprendiendo”, añade.

Para él, en el doblaje, lo importante es “traducir con la voz las emociones que muestra el personaje original”, afirma, quien, dice, ha tenido la fortuna de hacer “un poco de todo”, aunque recuerda especialmente una película, Eliminado, la red oscura, que le hizo “sudar”.

En cuanto a los géneros, este antiguo alumno de Pilar Santigosa, Lorenzo Beteta, Pachi Aldeguer, Eduardo Jover, Pablo del Hoyo e Isabel Donate, considera que todos, comedia o drama, “se disfrutan mucho”, aunque “lo importante es entender el código, meterte rápido en ese código, dejarte llevar y disfrutarlo”, concluye, rompiendo una lanza por relajar los tiempos de trabajo en sala.

“La globalización, los estrenos simultáneos en todo el mundo, han trasladado al mundo del doblaje un ritmo de trabajo que no es el idóneo, para mi gusto”, afirma taxativo. “No tenemos que olvidar que nuestro trabajo es un oficio artístico. Es muy importante que se respeten los tiempos de creación. No hacemos tornillos. Lo importante es transmitir emociones. Al final las prisas juegan en contra de la calidad del producto doblado. Habría que buscar una manera para que el ritmo de trabajo no afectara a la calidad de la interpretación”, sentencia.

“Quizás deberíamos exigir otras condiciones de trabajo”, dice tras repasar las condiciones en que se han doblado conocidas series, donde los actores de doblaje apenas han podido ver a los actores originales, por la mala calidad de las copias de trabajo, mutiladas por miedo a la piratería. “Lo único que queremos es que nos den facilidades para que nuestra interpretación se pueda parecer al original, y al final conseguir que la gente piense que ese personaje habla en castellano”, finaliza el joven actor, quien prepara además un trabajo de fin de grado sobre el futuro del doblaje en un mundo globalizado, con el cual se propone contribuir a paliar el desconocimiento sobre un mundo, en ocasiones “injustamente criticado”, finaliza.

Sandra Villa, princesa en Star Wars

“Hay trabajo”, afirma Sandra Villa, la cuarta exalumna de la Escuela EDM entrevistada por este blog, quien, después de estudiar periodismo y locución, y recalar en 2014 en el centro formativo, no ha parado de trabajar desde entonces, especialmente desde que, hace cuatro años, fuera elegida para interpretar a Rey, uno de los papeles protagonistas de Star Wars, el despertar de la fuerza.

Matriculada en EDM, Sandra acudía dos días a la semana al centro, donde fue pasando por la tutela de todos los profesores del centro hasta que, en 2015, le llegó su primera oportunidad profesional, con la película Eliminado.

“La escuela supuso un punto y aparte en mi vida”, rememora. “Me enseñaron sobre todo a interpretar; es una escuela de interpretación. Pero, además, te enseñan un montón de valores”, relata.

Luego, en el mundo profesional, no ha encontrado “nada distinto” de lo que le habían contado en la escuela; aunque cada director con el que ha trabajado “va enseñándote cositas, matices”. “Pero el punto de partida está en la escuela”, reitera.

En el doblaje profesional, lo que peor se lleva son las “prisas”, añade. “Todo va muy deprisa. Es lo que más me llamó la atención. Y al final la calidad del producto se ve mermada”, advierte.

Sobre los géneros, Sandra destaca que la comedia es “muy agradecida”, mientras que en el drama “te metes más en el personaje, y es más intenso”, continúa.

Por otro lado, sobre la animación, dice que los dibujos, aunque pueden parecer más fáciles, le parecen bastante complicados. “No dan muchas pistas a veces. Y tienes que estar muy ágil, más vivo. Es bastante complicado”, dice.

Finalmente, en cuanto al futuro, Sandra se dice “optimista”. “Sale mucho contenido. Hay trabajo. Y parece que, en el futuro, va a haber trabajo”, si bien acaba con una advertencia sobre los peligros que acechan a la práctica profesional del doblaje. “Vamos a tener que seguir luchando por que la profesión sea digna”.

Categorías: Doblaje

Deja un comentario