Como secretario de Feprodo, José Egea viene de enterrar el último proyecto que ha intentado hacer del doblaje un frente común. Y, sin embargo, se muestra optimista sobre el futuro de un sector “en expansión”, dice. “Habrá más trabajo, aunque peor retribuido”, vaticina. Aunque, para aprovechar esta oportunidad, la desunida industria del doblaje necesita abrir los ojos, poner las bases para superar su irrelevancia política y lanzarse a conquistar nuevos mercados, acabando con la precariedad laboral.

Hay más trabajo que nunca”, comienza Pepe Egea esta entrevista con el Blog de la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM) realizada a comienzos del mes de abril. Aun así, aunque se trata de un sector “en expansión”, afirma, el doblaje y la sonorización atraviesan algo así como una tormenta perfecta. Acosados por la digitalización, que abarata la producción y ha sacudido los cimientos de la industria provocando el cierre de muchos estudios y la aparición de otros muchos, de menor tamaño, los actores residentes en los antiguos polos del doblaje, Madrid y Barcelona, ven ahora su trabajo evaporarse. La deslocalización, una tendencia que traslada a otras plazas el doblaje de las voces secundarias, singularmente a Valencia y Sevilla, está transformando ya el mapa del doblaje en España.

El doblaje está en medio de una crisis”, comienza el antiguo director técnico del estudio Tecnison, donde trabajó doce años a partir de 1997. Una crisis de la cual solo saldrán los que “resistan la actual guerra de precios y que ofrezcan además calidad”, asegura.

Como secretario de Feprodo, la federación española de profesionales del doblaje, Egea compara esta crisis con la que vivió hace 15 años la industria de la música, también a consecuencia de la digitalización. Un terremoto de entonces dio traste con buena parte de los grandes estudios de producción musical en todo el mundo. Y que, sin embargo, hoy, comienza a mostrar otra cara, con la vuelta de un modelo de grandes estudios, con grandes profesionales y grandes equipos, que pueden ofrecer calidad.

Egea opina que en el doblaje puede suceder algo parecido. Y que la calidad, y no solo el precio, terminará imponiéndose al término de la actual guerra, que, de momento, eso sí, se libra casi en exclusiva en torno a los precios.

Sin embargo, para aprovechar las nuevas oportunidades, Egea recomienda saber leer cuáles son las nuevas condiciones del mercado. Y duda de que esto sea algo que esté haciendo el doblaje español. “Me temo que estamos mirando más por el retrovisor, hacia el pasado, y no hacia el futuro”. Un futuro marcado por la emergencia de nuevos formatos, como el audiolibro; por la recuperación de antiguos formatos, como la radionovela; y sobre todo por la irrupción de nuevos sistemas y actores de exhibición, como las plataformas digitales y una multitud de canales de televisión, que demandan un material donde el doblaje “entrará en juego”, afirma.

Para aprovechar estas oportunidades, “hay un esfuerzo muy grande que hacer”, matiza. “Hay que intentar ver más allá del terruño propio, ser un poco más colaborativos todos”, afirma, con evidente desencanto tras su paso por una federación, que está “liquidada”, dice, debido a la endémica desunión que muestran las ramas y los territorios que componen el mapa del doblaje español.

Una desunión que convierte al doblaje, un gigante económico, en un enano a nivel político. “No lo hemos sabido vender. Y esta es una crítica en la que me incluyo. No hemos sabido transmitir la importancia de esta industria”, destaca.

Enorme dispersión

“Cuando se montó Feprodo” – la federación de profesionales de la industria del doblaje – “se intentó crear una federación que incluyera a todos los sindicatos, crear un entorno de trabajo conjunto para apoyar a nivel nacional el sector del doblaje. Pero la tendencia de las asociaciones regionales fue exactamente la contraria. Fue intentar negociar convenios colectivos a nivel regional, ignorando al resto de las asociaciones. Y eso ha generado un clima de desconfianza que ahora es muy difícil de combatir”, concluye.

“Y, sobre todo, ha motivado un clima de dispersión”, alentado además, añade, por la carencia de una ordenación a nivel nacional del sector, lo que provoca que actualmente “cualquiera pueda montar un estudio y empezar a competir, siempre con una estrategia de precios”.

Una guerra en la que terminará venciendo “el que más aguante pero también el que más calidad ofrezca”, augura. Y que, esta vez, está afectando también a los actores, a través de la deslocalización, aunque también, recuerda, “a todo lo que ocurre fuera del atril: técnicos, personal de producción, editores de sonido… Todos estos apenas cuentan con sindicación ni asociaciones con masa crítica que les represente y haga valer sus derechos laborales o de la propiedad”, añade.

Lanzarse a conquistar mercados

Sin embargo, Egea no tira la toalla en su afán por articular el sector del doblaje y lograr que este funcione defendiendo unos intereses comunes. “Yo creo que lo que hay que hacer es recuperar el espíritu del primer Feprodo, y empezar a pensar menos mirando hacia dentro, y más mirando a toda la profesión; pensando no en comunidades autónomas, sino en las posibilidades que tiene el doblaje como industria”, recomienda.

“Nunca ha existido un concepto de industria nacional”, afirma. “¿Cuándo ha habido alguna vez un momento en que la industria del doblaje haya salido fuera de nuestra frontera a vender el doblaje fuera de España, en las muchas ferias y foros de contenidos que hay a nivel internacional? Nunca se ha hecho”, se lamenta, recordando que “el idioma español es uno de los principales activos económicos que tenemos, que nos permite llegar a muchos mercados”.

Por el contrario, relata, el concepto siempre ha sido distinto: “Yo voy a hacer mi doblaje aquí, que me paguen y me quito de historias. Entre otras cosas porque no nos ha ido mal; nos ha ido muy bien. Los estudios abrían la persiana, les entraban los pedidos por la puerta y emitían una factura a noventa días. No tenían hambre”.

“Pero yo creo que en este momento nos tenemos que plantear otra industria”, indica. “Una industria que se expande, y que tiene más contenidos, peor pagados, pero cada vez más en expansión”, asegura.

El doblaje, un activo del audiovisual

Una reformulación que asiente sus bases sobre la potencia del doblaje dentro de la industria audiovisual española. “Desde el propio sector audiovisual se considera el doblaje como una amenaza; en vez de lo que en realidad es: un activo, que da de comer a mucha gente”.

“Tengamos claro que muchos estudios que trabajaban en el cine español han sobrevivido gracias al doblaje. Y, a su vez, podían trabajar en el cine español porque tenían los ingresos regulares que les aportaba el doblaje”, enfatiza.

“El problema es que no nos hemos sabido vender”, reitera. “Creamos puestos de trabajo, creamos riqueza. Hay que influir en las políticas públicas para que el doblaje se vea como un sector estratégico… o por lo menos para que nos nos metan palos en las ruedas. Y que nos puedan ver como lo que somos”, sostiene.

“Hay un esfuerzo muy grande que hacer. Los premios están muy bien, pero hay que ir más allá”, insiste. “Hay que ir a los sitios. Dar el coñazo. Conseguir la declaración de utilidad pública (para Feprodo) y obtener así fondos estatales”, declara quien se siente dispuesto a revivir una federación, que aglutine a los diversos frentes del sector, aunque ahora con gente que “esté dispuesta a meter el hombro”, afirma.

“Sé que la hay”, añade.

No solo un convenio nacional

Con todo, José Egea se muestra “muy pesimista” respecto a la situación actual porque, en la industria del doblaje, en general, “no se acaba de ver cuál es el problema”, asegura. “Propuse la celebración de unas jornadas nacionales del doblaje. No se hizo nada. ¿Como podemos estar dando premios en Oviedo y en Madrid, y que no haya habido unas jornadas nacionales sobre el doblaje? Nos debería avergonzar”, remata.

“El problema es que estamos cada uno a su terruño, el propio de su comunidad autónoma, y de ahí que no me saquen. ¿Qué ocurre? En el momento en que se han visto amenazados por la competencia exterior es cuando se piensa en un convenio nacional. Pero eso había que haberlo visto hace ocho años, que es cuando se propuso”, reprocha.

Interés social por el doblaje

Aun así, por otro lado, el técnico de sonido y secretario de Feprodo también se muestra optimista en relación a las “oportunidades” que el doblaje puede aprovechar. “Si se hace bien, se puede encauzar. Porque este no es un sector que vaya a la baja. Muy al contrario. Todo el mundo pensaba que, con los colegios bilingües, los chavales iban a preferir las versiones originales, y no ha sido así. Las audiencias del doblaje han bajado un 10% o un 15%, pero esta bajada no llega al 40%, como se estaba previendo que pudiera ocurrir”, añade.

“Porque las nuevas generaciones hablan inglés, pero les gusta el doblaje español. Fíjate todos los festivales que hay: de manga… donde van compañeros como Eduardo Bosch, Claudio Serrano o Eduardo Gutiérrez… Son gente que tienen ya un nombre propio. Y les llaman. Porque existe un interés social por el doblaje, y ellos ayudan a divulgar este trabajo”, concluye.

Volver a la calidad y dignificar a los profesionales

Finalmente Egea repasa el deterioro de las condiciones laborales en el sector y reitera su apuesta por la calidad como vía para superar la “crisis” que atraviesa la industria del doblaje. “La cuestión es que competir en precio es una estrategia que está revelándose ya agotada. Yo entiendo la posición del empresario porque los costes de Seguridad Social son disparatados. Pero también es cierto que los beneficios de una empresa se obtienen apretando al proveedor, y no al cliente. Y esta es una cosa que tenemos que erradicar en nuestro país”, dice recordando que España es el país con los doblajes más baratos entre los grandes países de la UE, según un estudio adelantado por el Blog EDM.

“Con estos precios es muy difícil pagar buenos salarios a los técnicos, que sufren una precariedad terrible”, asegura. “Con la precariedad, vamos a un doblaje de peor calidad. Es posible que todavía no haya afectado al 35 mm – a las películas para su exhibición en cines – porque son la joya de la corona; pero en el resto, en los realities y en un montón de producto de medio o menor tamaño, la calidad se está cuidando poco”, advierte.

“Creo que esta es una gran profesión pero estamos perdiendo la calidad”, advierte quien comenzara a trabajar en Tecnison en 1997 y que, tras cinco o seis años alejado del doblaje, ha vuelto con “energía redoblada”. “Estamos perdiendo el savoir faire, el saber hacer de otras épocas: ese gusto por el trabajo bien hecho. Y creo que lo tenemos que recuperar”, dice.

“Tenemos que recuperar ese prestigio que hizo que el doblaje fuera famoso, y que hace que tú veas una película antigua, y te encante. Dejarnos de cosas artificiosas, de esa ‘doblajitis’ que muestran por ejemplo algunos realities, donde un personaje va a poner una alcayata y parece que estuviera invadiendo Esparta. Y donde se escuchan, no las mismas voces, pero sí el mismo estilo: plano, espantoso… Una ausencia de mezclas y de gusto por el trabajo bien hecho”, describe.

“Estamos en un mercado de crear churros, y eso no va en nuestro beneficio”, sentencia.

Y concluye: “Hay que pensar más allá. Hay que pensar en cómo influir en las políticas públicas. Cómo conseguir ayudas al sector”.

“Han ido cayendo los estudios. Han caído los técnicos. Los siguientes tenían que ser los propios actores. Y queda ya muy poco tiempo para que ellos, los actores de doblaje, sean los principales afectados de esta crisis”.

“Porque no se han sabido defender ciertas cosas”, concluye.


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